EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN


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VOX Y LA VUELTA A LA SECCIÓN FEMENINA

A veces, cuando se tienen años, una piensa que lo ha visto todo. Pues no, todavía hay hechos que siguen sorprendiendo.

            Uno de estos hechos ha sido la intervención en el Pleno de la Comunidad de Madrid de la diputada por Vox Alicia Rubio, que ha defendido modos de vida de la mujer que todos pensábamos estaban ya superados, no ya en el siglo XXI sino en el siglo XX.

            Esta señora defiende a estas alturas que en la escuela se ponga como asignatura obligatoria “costura”, porque “empodera mucho a las mujeres coser un botón”. También ha dicho que el feminismo es un “cáncer” manifestando una falta de respeto hacia aquellos que padecen esta grave enfermedad.

            Hemos de recordar que la Sección Femenina tenía esta misma tesis, por lo que en el colegio a las alumnas se les encargaba hacer vainica y confeccionar una canastilla, preparándolas así para ser “buenas madres y esposas”. Todo aquello pasó al baúl de los recuerdos, pero no por deseo de una izquierda “malévola” sino por el propio devenir de los tiempos.

            En la época de la comunicación, de las redes sociales, de la inteligencia artificial no se puede pedir a ninguna mujer que se dedique a ser una buena ama de casa, olvidándose del mundo y de todo lo demás. Esto, además de inútil, es una simple estupidez.

            Alicia Rubio también arremete contra Simone de Beauvoir, una de las autoras más importantes del siglo XX, con la que se puede discrepar, pero no desde la bajura intelectual de esta señora, cuyo nivel, lenguaje y expresión denotan una ausencia total de bagaje cultural y un exceso de odio que raya en lo ridículo.

            Me pregunto por qué Alicia Rubio es diputada, ya que lo más coherente es que estuviera zurciendo calcetines de su marido y sus hijos en su casa, que quizá fuera bueno para ellos (aunque la verdad es que eso ya no se estila) y, sobre todo, sería muy bueno para los ciudadanos, que no pagamos nuestros impuestos a los diputados para escuchar tal sarta de majaderías.

            Sería motivo de broma escuchar estas cosas, que seguro propiciarán muchos chistes. Sin embargo, lo que puede ser una broma en este momento podría convertirse en un hecho real, si alguna vez este partido alcanza el poder.

            El feminismo no es un invento ni de este país ni de este momento histórico. El feminismo, Sra. Rubio, nació en el siglo XVIII con la Ilustración, siguió con el movimiento sufragista en la segunda mitad del siglo XIX, le sucedió el movimiento de liberación  en la segunda mitad del siglo XX y se encuentra en este momento en la lucha contra la violencia machista en todo el mundo, Sra. Rubio, en todo el mundo.

            Sus chuscas declaraciones me indican que está usted en una etapa anterior al siglo XVIII, lo que no parece muy adecuado para ser representante en un Parlamento democrático del siglo XXI.

            Le pido un favor, Sra. Rubio, lea usted, en primer lugar para que se cultive un poco y, además, para que avance en el tiempo, lo cual no estaría mal teniendo en cuenta en la época que usted se encuentra. Y no le pido que lea a la “izquierda maligna” sino a múltiples autores/as de variadas tendencias a nivel mundial que han reflexionado y aportado pensamiento intelectual a las cuestiones relacionadas con la mujer.

            Y deje el escaño, se lo ruego, dedíquese a zurcir calcetines para lo que se encuentra usted mucho mejor dotada.


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INDEPENDENTISTAS Y CONSTITUCIONALISTAS EN CATALUÑA

Estamos hatos de escuchar que en Cataluña la población está dividida entre independentistas y constitucionalistas, incluso que los independentistas son menos que los constitucionalistas. Hemos visto como manifestaciones constitucionalistas parecían ser multitudinarias, al menos tal como se veía en las imágenes.

            También se ha dicho reiteradamente que eran falsas las cifras de más de dos millones de personas que votaron por la independencia de Cataluña en el referéndum ilegal, alegando que los datos estaban falseados. Y es cierto que ese referéndum, al no ser un referéndum pactado, carecía de un control necesario en toda votación.

            Ahora hemos asistido a unas elecciones legales, controladas, con voto libre y secreto, de las que nadie ha puesto en tela de juicio su legitimidad, desde la extrema derecha hasta el más radical de los independentistas.

            ¿Y cuál es el resultado de dichas elecciones? Pues es muy claro: los independentistas han obtenido 30 escaños mientras que los nacionalistas han obtenido 18 escaños, lo que es una diferencia enormemente significativa y con la misma legislación electoral para ambos grupos.

            Si los constitucionalistas se encuentran en Cataluña tan agredidos, tan ninguneados, tan subyugados, tendrían que haber salido a votar en masa. Nadie se lo impedía. Elecciones libres y legales, todos tenían las mismas oportunidades de manifestar sus preferencias.

            El problema es que la mentira tiene las patas muy cortas y se ha de aceptar que en Cataluña, guste o no guste, el sentimiento independentista es casi el doble que el sentimiento constitucionalista. Por eso no se permite hacer un referéndum pactado.

            Todo ello indica algo muy claro: en Cataluña existe un conflicto político de gran calado que el Gobierno ha de solucionar. Y las soluciones que se han intentado hasta ahora han fracasado: 155, presos, exiliados, represión, amenazas… esas medidas han servido nada más que para que el independentismo casi duplique al constitucionalismo.

            Por lo tanto son absolutamente necesarios acuerdos políticos, tomando como referencia lo que ha ocurrido en otros países de nuestro entorno. Cameron, un político conservador, se la jugó aceptando un referéndum sobre la independencia de Escocia y las urnas decidieron. La diferencia es que Gran Bretaña tiene una larga historia democrática y en España la “democracia de verdad” sigue dando mucho miedo después de 40 años de franquismo.

            Mientras muchos políticos sigan manifestando que aceptar la abstención o el apoyo de los independentistas en las instituciones es una especie de “sacrilegio”, mientras que parece ser totalmente legítimo tener el apoyo de los fascistas para gobernar, iremos por una senda peligrosa. Hasta ahora, los independentistas no han manifestado en sus programas que no se debe atender a los refugiados, que no debe existir una sanidad universal, que las mujeres víctimas de violencia de género no han de tener garantías, que se deben tener armas en casa y tomarse la justicia por su mano, que se debe excluir a los homosexuales y a las personas LGTB y, en general, a todo el que sea diferente.

            Y respecto al independentismo, a mi me surge la siguiente duda: al margen de otros problemas históricos, que los hay, y los nefastos recuerdos de la dictadura ¿los independentistas catalanes querrían separarse del Estado español, si éste fuera un Estado políticamente distinto? Ahí dejo la pregunta porque yo me la he hecho en muchas ocasiones.

            Lo que sí tengo claro es que en Cataluña existe un problema político de gran calado y que éste no se va a solucionar a base de medidas represivas, pues ya se ha visto claramente que para lo único que han servido ha sido para crear más independentistas.

            Si se quiere gobernar este país y tener altura de miras y sentido de Estado lo primero que hay que hacer es no ignorar la realidad y no manipularla, porque eso puede servir momentáneamente para obtener unos pocos de votos, pero no solucionará nada en absoluto, sino que provocará que los conflictos se encuentren cada vez más enrarecidos y lleguen a un punto sin retorno, del que me temo cada vez estamos más cerca.


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NO SON FACHAS, SON FASCISTAS

Parece ser que uno de los videos de Vox más vistos en Youtube, con más de medio millón de visitas, se titula “¡Fachas!”.

            Sinceramente creo que llamar “fachas” a los fascistas es hacerles un favor. Nunca me han gustado los términos sincopados de ideologías políticas, como tampoco me gusta el término “progre”. La denominación “facha” es una deformación coloquial de “fascista” y para lo único que sirve es para minimizar un ideario político que ha dejado una triste memoria en la historia del siglo XX. A veces se atribuye el término “facha” a todo ideario conservador o liberal, por lo que tiende a diluirse su significado al ser aplicado a diferentes ideologías o partidos políticos.

            Cualquier democracia tiene partidos de corte conservador, liberal, socialdemócrata, comunista, verde… Pero el fascismo, el nazismo y el estalinismo son otra cosa. Son ideologías totalitarias que han causado miles de muertos y sociedades aterrorizadas por esos regímenes. No tienen cabida en un sistema democrático.

            Vox es un partido fascista y franquista, porque el franquismo no fue otra cosa que fascismo aplicado a las circunstancias españolas y que adoptó su nombre del propio dictador.

            La ideología de Vox, como toda ideología fascista, se basa en un discurso simple, no avalado por datos, que apela a los sentimientos más bajos del ser humano y cuyas propuestas son esencialmente represivas: prohibir, encarcelar, excluir y, sobre todo, emplear la violencia para llevar a cabo sus objetivos.

            El hecho de que haya ciudadanos que les den su voto no les legitima, porque en toda sociedad existen personas que consideran que los totalitarismos son una opción política. No hace falta más que recordar los millones de personas que siguieron a Hitler, que se sintieron emocionados y subyugados por sus discursos y sus planteamientos,  hasta el punto de que los que no lo compartían, además de estar expuestos a todo tipo de represión, eran considerados por sus conciudadanos como “malos alemanes”, no patriotas. Después, cuando los alemanes perdieron la guerra y el mundo entero fue testigo de la barbarie, muchas de esas personas que dieron entusiasmadas su apoyo a Hitler y al Partido Nacional Socialista, dijeron que no sabían nada, que fueron engañadas. Pero el mal estaba hecho y el mundo entero lo sufrió.

            Tampoco legitima a Vox ser un partido legal. También lo era el Partido Nacional Socialista, que consiguió el poder después de presentarse a cuatro elecciones legales y en cinco años Hitler y su partido llegaron al gobierno.

            Lo mismo que sucedió en Alemania, algunos partidos como PP y Cs avalan a los fascistas llegando a acuerdos con ellos, lo que conducirá inexorablemente a que el monstruo los termine devorando y, lo más grave, devorándonos a todos. Esos partidos, PP y Cs, serán responsables de haber dado su aval al fascismo, de no haber puesto límites a lo que es política y humanamente aceptable. No vale con que digan que los tres partidos forman el “centro-derecha”, un eufemismo que puede servir para un titular, pero que en absoluto responde a la realidad.

            Probablemente en las próximas elecciones mucha gente aparentemente normal vote a Vox, probablemente ese partido fascista se convierta en la tercera fuerza del país, probablemente muchos de los que voten a los fascistas podrán sus excusas en la “mala política” ejercida por otros partidos que han gobernado anteriormente y probablemente hasta les hayan convencido de que no son fascistas sino unas personas maravillosas que van a mirar por el bien de sus conciudadanos y de que “España es lo primero”, que es lo mismo que decía el partido nazi alemán en referencia a Alemania.

            Es una pena no tener un “futurómetro” que nos permitiera ver lo que el partido fascista de Vox nos depararía si gobernara con una mayoría amplia. Pero seguro que no les gustaría ni siquiera a los que les han votado o les votarán.

            La Historia siempre se repite y el poema del pastor Martin Niemöller (atribuido erróneamente a Bertolt Brecht) y que se tituló “¿Qué hubiera dicho Jesucristo?”, en referencia a la apatía del pueblo alemán ante la crueldad nazi, es un espejo de lo que nos puede hacer en el futuro un partido fascista como Vox:

 “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío,
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí,
no había nadie más que pudiera protestar.”

Por eso, no se puede minimizar y llamarles “fachas” porque no son fachas, son FASCISTAS.


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EL DEBATE Y VOX

Quienes vimos “El Debate a Cinco” hace unos días pudimos comprobar cómo ni PSOE, ni PP, ni Cs, ni Podemos le dijeron en ningún momento a Vox y a su líder, Santiago Abascal, que era un partido que defendía las esencias del franquismo y del fascismo. Tuvieron muchas ocasiones pero no lo hicieron. ¿Por qué no lo hicieron?. Supongo que cada uno tendría sus motivos, pero fue muy decepcionante.

            Naturalmente el PP no puede hacerlo porque son sus socios en muchas instituciones y lo llegarían a ser en el Gobierno central si los números salen. Cs, que también forma parte del trío de “las derechas”, hizo una pequeña crítica a Abascal pero referida a su situación personal no a su ideario político.

            Lo peor, desde mi punto de vista, fue la posición del PSOE y de Podemos que nada dijeron ante las afirmaciones fanáticas y nostálgicas de la dictadura franquista y la defensa de las máximas fascistas pronunciadas por Abascal.

            Abascal -Vox-  insistió en su discurso xenófobo, amparándose demagógicamente en la supuesta ilegalidad de cierta inmigración. Y ninguno de los restantes partidos aclararon a los telespectadores que a quienes se estaba refiriendo es a “refugiados” que, por supuesto, no vienen con los papeles debajo del brazo cuando cruzan el mar en pateras o por cualquier otro medio, jugándose la vida con sus hijos para huir de la guerra, de la persecución o del hambre. Abascal -Vox- tuvo la desfachatez de decir que los menores no acompañados (MENAS) son delincuentes que asaltan a las mujeres en las calles para llevarse sus joyas (eso en los barrios más modestos), son los que violan a las mujeres españolas en “manadas, haciendo caso omiso a la famosa “manada”, uno de cuyos componentes era Guardia Civil y otro miembro del ejército. Afirmó que el 70% de los violadores son extranjeros, que la política social debe ser solo para los españoles y que la sanidad no debe ser universal. También manifestó como excusa para impedirles la entrada a los inmigrantes y refugiados que muchos de los extranjeros que vienen no tiene una cultura “asimilable” a la española. En definitiva, para Abascal -Vox- los inmigrantes, los refugiados, son los culpables de todos nuestros males, lo mismo que en su momento fueron los judíos para el partido nazi alemán. Antes estas afirmaciones, el resto de los partidos nada dijo al respecto,

            Abascal -Vox- se manifiesta en contra de la Ley de Memoria Histórica, igualando los crímenes de la dictadura con los represaliados después de la guerra y, por supuesto, está en contra de la exhumación del dictador. Una vez más, aboga por la derogación de la Ley de Violencia de Género, igualando la violencia sufrida por las mujeres con la sufrida por los hombres.

            Respecto a las medidas políticas que propone son muy claras: suspensión de las autonomías, ilegalización de partidos, detención y prisión para políticos, acabar con “los enemigos declarados de España”, declarar el estado de excepción en Cataluña.

            Respecto a política internacional, dice textualmente que Europa “es una secta”.

            Eso sí, se dirige “a las clases medias y trabajadoras” y a los españoles “más humildes” y hace una defensa constante de su partido como “alternativa patriótica”.

            Todo el mundo sabe que los ciclos históricos, desgraciadamente, se suelen repetir y no hace falta más que hacer un repaso por lo que ocurrió en el siglo XX para reavivar las alertas.

            Cuando apareció Vox nadie le prestó la mayor importancia, se dijo que era un pequeño grupo de “nostálgicos”. Cuando llegó al poder en Andalucía, junto con sus socios del PP y Cs, se dijo que era un partido minoritario, Cuando consiguió 24 diputados en el Congreso de los Diputados se dijo que era algo puntual y que aquello se iría desinflando. Ahora, según las encuestas, pueden alcanzar hasta 50 diputados y ser la tercera fuerza del país. Es posible que en un futuro puedan gobernar.

            Para que eso ocurra solamente tiene que darse tres ingredientes: que haya una crisis económica, que parece se avecina más pronto que tarde, que haya una inestabilidad política que ya existe y que los ciudadanos, muchos de ellos clases desfavorecidas, dejen de confiar en las instituciones. Y no tengamos ninguna duda que los poderes económicos, llegado el caso, los apoyarán con tal de defender sus intereses.

            Eso es exactamente lo que ocurrió en Alemania y en Italia, donde el fascismo creció y se implantó, produciendo el mayor desastre de la Historia.

            Vox dice abiertamente que tomaría unas medidas antidemocráticas si llegara al poder, pero no dice todas. Muchas de ellas -las peores- se las guarda hasta que llegue ese momento.

            Vox no es un partido más, es el neofascismo, con todos sus componentes expresados en el contexto actual. Por eso es inaudito, inmoral y enormemente peligroso que los partidos democráticos se muestren impasibles ante tales manifestaciones, que se asocien con ellos blanqueándolos o que miren para otro lado como si no ocurriera nada.

Si siguen así, serán responsables ante sus conciudadanos y ante la Historia. Ojalá que rectifiquen.


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EL FASCISMO DE VOX

Hace unos días el líder de Vox, Santiago Abascal, fue invitado a un programa de televisión para hacerle una entrevista. El entrevistador, no sé si haciendo gala de una incapacidad para hacer entrevistas o porque lo tenía pactado con el entrevistado, le espeta: “¿es usted fascista?”. Naturalmente, Abascal dice “no”. ¿Alguien podrían pensar que iba a decir otra cosa?

            Por supuesto, si preguntamos a alguien que ha cometido un delito si es un asesino, un maltratador, un torturador, en el cien por cien de los casos dirá que no. Aunque admita haber realizado alguna fechoría lo describirá de otra manera: tuvo un ataque de ira, perdió el control, obedecía órdenes, pero jamás va a admitir calificativos tan denostados por la sociedad.

            El fascismo ha pasado a la Historia como un movimiento político totalitario, antidemocrático y brutal, con un desprecio total por los Derechos Humanos. La Segunda Guerra Mundial ha dejado buen testimonio de ello, testimonio que forma parte de la memoria colectiva. Después de la Segunda Guerra Mundial, debido al rechazo de la ideología y de los regímenes fascistas, pocos partidos o colectivos se han autodenominado claramente fascistas Por eso ni Abascal ni nadie va a admitir que es fascista. Al menos en este momento.

            Pero para averiguar si un grupo o partido es fascista solamente hay que analizar sus proclamas, lo que defienden, lo que atacan y eso nos servirá para identificarlos. La exaltación de valores como la patria, con un nacionalismo centralista exacerbado, el desprecio a las minorías que vienen de fuera –xenofobia- como los refugiados (nótese que no digo inmigrantes porque ahí está el truco de “los que son ilegales”), que vienen huyendo de la guerra, de la persecución, de la miseria y que tienen derecho de asilo, según os Tratados Internacionales firmados por el Estado español; el considerar antiespaña a todos los elementos que degeneran “lo español” (rojos y separatistas); el rechazo a los diferentes, como las minorías LGTB, un fuerte militarismo, con una exaltación constante y exagerada de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, cosa que no hacen con otros colectivos, como médicos, profesores…

            Otras características del fascismo es el concepto de un Estado centralista, fuerte, controlador de todo, que debe intervenir en la vida de los ciudadanos, eliminando derechos y libertades (derecho de reunión, de manifestación, de huelga, libertad de prensa); la eliminación de los partidos políticos que no les gustan, para ir poco a poco eliminando el sistema de partidos, con la deriva de dejar un partido único, que mantenga una sociedad ordenada y obediente, sin ningún disenso; la defensa de los valores tradicionales, así como la defensa de los intereses de las clases más poderosas (en lo que coincide con la derecha tradicional); la exaltación de la virilidad y de los valores familiares tradicionales con altas tasas de natalidad; clara separación de los géneros y rechazo del feminismo; la utilización de símbolos y lemas patrióticos; aumento de las penas y la introducción de nuevas penas para delitos políticos; el saludo romano (brazo en alto).

            Así podríamos seguir con muchas más similitudes entre lo que defiende Vox y las características del fascismo, teniendo en cuenta siempre el contexto en que éstas se producen -el siglo XXI-, lo que modifica indudablemente la forma de manifestarse, como por ejemplo el afán imperialista que, con la geopolítica actual es impensable.

            Hemos tenido que escuchar cómo se califica a las mujeres que trabajan en el ámbito de violencia de género como “feminazis”, a pesar de las 1000 mujeres asesinadas por esta causa; hemos tenido que escuchar con vergüenza ajena, por lo “chusco” de la afirmación, que las mujeres “violan” sexualmente; hemos tenido que escuchar que había que tomar “medidas” contra Bélgica (¿declarar la guerra?); hemos tenido que soportar las acciones en contra de una película de Amenabar, interrumpiendo incluso su exhibición en un cine; hemos tenido que observar cómo una diputada de Vox ha tenido que ser expulsada del Congreso al grito de “¡es por España!”, infringiendo todas las normas del mismo; hemos tenido que conocer cómo Vox pretende hacer “listas negras” de funcionarios; hemos tenido que escuchar cómo Vox defiende la posesión de armas y la utilización de las mismas como defensa personal, ofreciendo incluso medallas por agredir a alguien sin juicio ni condena previa. Podríamos seguir así hasta el infinito, pero sería demasiado tedioso.

            Lo grave es que una encuesta de hace pocos días colocaba a Vox como la tercera fuerza política del país, lo que indica que va consiguiendo un ascenso poco a poco. Esto me trae a la memoria el ascenso de Hitler en los años 30, no lo puedo remediar. Pasó de ser un partido insignificante, a conseguir tener una mayoría en Alemania, con el apoyo, por cierto, de otros partidos. Pasó de un programa en el que aceptaba a los partidos políticos a prohibirlos todos. Pasó de decir ¡Alemania lo primero! a realizar un genocidio contra buena parte de los ciudadanos alemanes.

            Deberíamos aprender de la Historia para no repetirla. Deberíamos exigirle a los socios de Vox (PP y Cs) que se pronuncien sobre determinadas afirmaciones de este Partido y las critique si es que consideran que son dignas de crítica. Las conductas interesadas y colaboracionistas con el fascismo conducen irremediablemente al caos.

            Siempre ha sido así y lo seguirá siendo


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LAS OCULTACIONES DEL ACCIDENTE DEL ALVIA

Hemos sabido ahora que un mecánico oficial del Alvia, mediante una declaración jurada, anotó “averías críticas” en el tren accidentado, averías que no solo no se resolvieron sino que, supuestamente, media hora después del accidente, varios directivos de TALGO dieron la orden “taxativa” de borrar del software corporativo las anotaciones sobre la existencia de dichas averías.

            Ya sabemos lo que va a decir la compañía, que en parte ya lo ha hecho,  y es que se trata de una “venganza” por parte del trabajador por haber sido despedido. Es posible que dicho trabajador no hiciera antes estas declaraciones por miedo a perder su puesto de trabajo. Pero es bastante improbable que una persona se atreva a hacer una declaración jurada consciente de su falsedad, con el peligro de cometer un delito que puede ser penado. Pero, además, hemos de tener en cuenta que esta declaración se hace en un asunto que ha estado rodeado de ocultaciones y mentiras desde su inicio. Vamos a relatar algunas:

  • El afán del Ministerio de Fomento por culpar únicamente al maquinista desde el inicio, cuando ni siquiera había comenzado la instrucción.
  • Las demoras para entregar al Juez la documentación solicitada por éste, hasta el  punto que Adif, Renfe y el Ministerio de Fomento tuvieron que ser apercibidos judicialmente.
  • La negativa, retorciendo la Ley, que hicieron las autoridades españolas sobre la valoración de riesgos, algo que estaba constatado por la Agencia Europea de Seguridad Ferroviaria.
  • Las constantes negativas durante años a la creación de una Comisión de Investigación Parlamentaria.
  • Lo insólito de que el Presidente de la CIAF declarara en un mismo día dos cosas diferentes en sede parlamentaria, en la que no puede mentir, alegando “despiste”.
  • Las presiones a las que fui sometida yo misma por parte de Rafael Catalá para que no culpara del tema al Gobierno.
  • La negativa a crear una nueva Comisión Técnica en la que haya miembros de la Agencia Europea de Seguridad Ferroviaria que hicieron la evaluación sobre todas las “lagunas” del informe de la CIAF.

            Y así podría seguir durante unas cuantas páginas hablando de las ocultaciones y las mentiras, algunas en sede judicial y otras en sede parlamentaria, que han tratado en todo momento de “salvar” al Poder en contra de las víctimas.

            Cuando se habla de corrupción casi siempre se piensa en delitos monetarios, pero no es así. ¿Qué más corrupción que ocultar irresponsabilidades y negligencias que tienen como consecuencia la muerte de seres humanos? Y sobre todo, ¿qué más corrupción que, una vez tienen lugar los hechos, se traten de ocultar las causas y se mienta descaradamente de manera consciente para salvar a los responsables?

            Han pasado más de seis años desde que ocurrió el accidente y las víctimas vamos cerrado las heridas personales con mayor o menor éxito. Sin embargo, hay una herida que, teniendo en cuenta el comportamiento de los Poderes del Estado, jamás podremos cerrar y es la desprotección a la que estuvimos, estamos y me temo que estaremos las víctimas por parte de las instituciones españolas que lo único que han buscado hasta ahora, con una firmeza total, ha sido y es tapar sus vergüenzas, sus irresponsabilidades y sus negligencias, no vaya a ser que les salpiquen en su carrera política.

            Eso es lo único que les mueve, entre otras cosas porque están vivos y tienen futuro. Los muertos por las negligencias del Alvia ya no tienen futuro. Apúnteselo en sus conciencias, si es que les queda algo.


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SEIS AÑOS DESDE EL ACCIDENTE DEL ALVIA

El 24 de julio de 2019 se cumplieron seis años del fatídico accidente del tren Alvia en Santiago de Compostela. Seis largos años. Cuando llega esta fecha, hay cierto interés en algunos medios de comunicación por el recuerdo, por preguntarnos a las víctimas cómo va todo, qué se sabe de la investigación política y judicial. Se lo agradecemos, alguien se interesa, alguien pregunta. Después… nada, el silencio, la invisibilidad.

            Comprendo que las noticias fluyen con demasiada rapidez y ¡hay tantos asuntos de los que hablar!. La vida corre deprisa y las noticias, para que interesen al público, han de ir por la misma senda, a la misma velocidad. Los asuntos aparecen y desaparecen y caen pronto en el olvido.

            Las víctimas del Alvia hemos sufrido y sufrimos mucho, es grande y profundo nuestro dolor.  Muertos… heridos… ¡Pero qué son 80 muertos de hace seis años en la vorágine de cada día! Muy poca cosa. Es la terrible realidad.

            La lucha es importante cuando es justa y no hay lucha más justa que la que se hace por saber por qué tuvieron que morir nuestros seres queridos y esa misma lucha nos dignifica, nos hace dirigir nuestra rabia, nuestro dolor. Pero no es suficiente. No lo es.

            Después de seis largos años, las víctimas tenemos claro qué ocurrió y quienes tenían la obligación de evitarlo. Las víctimas lo sabemos y lo vamos a saber todos los días de nuestra vida, aunque no lo diga una Comisión de Investigación, aunque no lo diga un Juzgado. Pero eso no basta para cerrar bien las heridas. No basta. Necesitamos un reconocimiento social e institucional; necesitamos que las instituciones políticas y judiciales lo reconozcan y no se escondan en disculpas y mentiras para defender a los responsables y castigar a las víctimas.

            Seguro que los responsables, que saben que lo son, se disculparán ante sí mismos diciéndose: “¡son cosas que pasan!” porque nadie, salvo los muy desalmados, se pueden mirar ante el espejo sabiendo que son los causantes de muchas muertes, de mucho dolor. Pero lo más grave es la respuesta de nuestras instituciones, que nos transmiten a las víctimas y a todos los ciudadanos que, aunque peleemos, no tenemos nada que hacer, nos lo demuestran con los hechos desde hace seis años. Una táctica de nuestras instituciones que utilizan con mucha eficacia es alargar sin fin los asuntos, porque es la mejor forma de que queden en el olvido de la gente y de que a las propias víctimas nos falte la fuerza y los ánimos para seguir combatiendo. El Poder, en este caso el Estado, tiene todo el tiempo del mundo y no tiene corazón, es un monstruo enorme, sin identidad. Los muertos, sin embargo, tenían nombre y apellidos, familia, edad, ilusiones. Eran de carne y hueso.

            No quiero, bajo ningún concepto, que se interpreten estas palabras como una derrota. No. Venceremos. Porque… ¿qué es vencer?, ¿vencer en los tribunales?, ¿afear su conducta política a los altos cargos de Adif, Renfe y Ministerio de Fomento? Eso estaría muy bien, pero puede que no lo consigamos, aunque lo seguiremos intentando. Pero vencer es algo más que eso: es mirar con la cabeza muy alta a los indignos, a los cobardes, a los mentirosos; es acusar con el dedo de la dignidad a los que les importa muy poco la vida de otros seres humanos; es, en definitiva, tener el Poder de la Verdad y la Justicia frente al Poder del monstruo.

            Una vez más, vayan estas palabras dedicadas a los 80 muertos que en un día 24 de julio de hace seis años perdieron la vida por culpa de algunos irresponsables.