EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN

SIN UNA INVESTIGACIÓN SERIA Y CIENTÍFICA NO SE PUEDE HACER JUSTICIA

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             Soy Psicóloga Forense de un Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Madrid y me ha causado, como mínimo, asombro observar que una denuncia por violación se haya instruido, es decir investigado, en tan solo 48 horas.

            Todos los profesionales que trabajamos en los juzgados de cualquier lugar, sean de la jurisdicción que sean (no tienen por qué ser de violencia de género) sabemos que las denuncias pueden ser ciertas o falsas. Ese es un hecho que forma parte de los litigios que se ven en los juzgados cada día. Sin embargo, cuando se trata de un gravísimo delito contemplado en nuestro Código Penal, que atenta contra la integridad, la libertad y la dignidad de una persona en sumo grado y que, incluso, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, puede llegar a poner en peligro la vida de la víctima, el asunto debe ser investigado con la máxima exigencia desde todos los puntos de vista, pues es lo único que garantiza el derecho a la Justicia que tienen todas las partes, tanto la víctima como los agresores.

            La Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género en su artículo 1.3 contempla como delito todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual…, incluso aunque dichas agresiones sean provocadas por el propio “marido”, lo que es absolutamente lógico, ya que nadie tiene derecho alguno sobre el cuerpo del otro por muchos vínculos legales que les unan.

            Cuando se produce una violencia de este tipo, el procedimiento normal a seguir para investigar el caso es que el juez o jueza tome declaración a víctima y al agresor o agresores, aunque antes lo haya hecho la policía, recoja las pruebas testificales o documentales pertinentes y, una vez hecho esto, encargue un Informe Pericial al equipo de forenses, en este caso el médico, el psicólogo y el trabajador social.

            El trabajo del psicólogo forense, que yo realizo todos los días, es evaluar de manera profunda, a través de entrevistas y de pruebas psicológicas, la personalidad y los rasgos de la conducta, tanto de la víctima como del agresor o agresores, para averiguar si los signos y síntomas que presentan son coherentes con aquello que dicen. El resultado de todo es un Informe Pericial Psicológico y de cada uno de los profesionales intervinientes que, una vez terminados, se le entregan al juez o jueza para que pueda tener más elementos de juicio en la instrucción del caso. Y, aunque los informes periciales no son vinculantes para el juez o jueza, suelen ser un elemento importante y, sobre todo, científico para poder  aportar luz a muchos asuntos, sobre todo en casos de violencia contra la mujer o contra menores.

            Como se puede comprender fácilmente, todo este procedimiento lleva tiempo y hace que las causas se alarguen, pero es la única manera seria de investigar. Mientras tanto, en función de ofrecer una protección a la víctima, el juez o jueza puede imponer medidas cautelares hasta que termine todo el procedimiento y exista una Sentencia.

            Yo desconozco el caso que nos ocupa, pero me encuentro en condiciones de afirmar que en 48 horas es absolutamente imposible resolver adecuadamente un caso de supuesta violación como el que nos ocupa. Incluso, en aquellos supuestos en los que la propia víctima, por las razones que sea, quiere retirar una denuncia de esta naturaleza, generalmente la Fiscalía no la archiva porque se trata de un delito penal y el Ministerio Fiscal tiene la obligación de proteger a la víctima y evitar males mayores. Me encuentro cada día con muchos casos de ese tipo. Además, según he podido leer en los medios de comunicación, ni siquiera fue la propia víctima la que interpuso la denuncia sino que ésta fue encontrada por la policía, asustada y llorando y, al parecer, hay un parte de lesiones del hospital. A mi modo de ver, son indicios más que suficientes para abrir una investigación.

            Por otra parte, las contradicciones en una declaración -que algunos señalan que las hubo- no siempre significan mentira, pueden tener otras causas, que muchas veces hay que buscarlas en el entorno social de la víctima o de los agresores y que, generalmente, están presididas por el miedo a represalias, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta el lamentable show que, al parecer, han montado a la puerta del Juzgado los familiares y amigos de estos “angelitos”. Respecto a los videos, desde un punto de vista puramente psicológico, es un claro síntoma de violencia el que alguien, parece que uno de los supuestos agresores o colaboradores de los hechos, se ponga a grabar semejante situación, al margen de las propias manipulaciones a que puede ser sometido el propio video. Otro aspecto, no menor, es tener en cuenta la posible “ganancia secundaria” de la víctima que, al parecer, no solo es ninguna sino todo lo contrario: una doble victimización por el hecho en sí y por la exhibición social a la ha tenido que ser sometida, sin olvidar la culpabilización de algunos sectores.

            Pero lo que, a mi juicio, es la interpretación más grave de cuantas se han hecho, es culpabilizar a la joven por ir con esos individuos, tomarse unas copas o, incluso, por qué no, “coquetear” un poco. Pero ese hecho. de existir, jamás puede convertirse en una especie de “derecho de pernada” para que los supuestos delincuentes dispongan a su antojo del cuerpo de la víctima. La Edad Media ya pasó.

            No sé qué le ha llevado a la jueza a cerrar el caso en 48 horas, pero lo que sí sé es que esta joven es una víctima, no solo de la violación sino de una Justicia que ha actuado de manera incompetente e irresponsable, de algunos medios que han hecho del “morbo” la forma fácil de tener espectadores, de algunos políticos que han dejado patente la ausencia de valores que subyace bajo su “máscara”. Y también sé, por las conductas públicas que han manifestado de manera explícita, que los presuntos violadores intentarán volver a hacerlo porque les ha salido gratis sin esfuerzo alguno. Pero para defendernos el Ministro de Interior ya nos ha dado la solución a las mujeres: llevar un “pito” (silbato) y, si no hay más remedio, dar conversación al violador. Claro que luego nos acusarán de “colaborar” con el delincuente. Todo sinceramente lamentable.

Teresa Gómez-Limón

Psicólogo Forense

Profesora del Máster de Psicología Forense de la Universidad Autónoma de Madrid

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