EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN

LA “REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA” DE RAJOY O CÓMO ARRIMAR EL ASCUA A SU SARDINA

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Estos últimos días están en el debate público dos posibles reformas con la que el PP pretender hacerse un “lavado de cara” y un buen “maquillaje” para disimular un poco sus inexistentes conceptos democráticos en la sociedad del siglo XXI.

            El primero de ellos es la modificación de la Ley Electoral para que gobierne la lista más votada porque -dicen- deber ser Alcalde aquel al que los ciudadanos hayan elegido. Pero eso es una falacia porque, como todos sabemos, lo que los ciudadanos elegimos es un lista cerrada y bloqueada, de la que, en los casos de las grandes ciudades -que es lo que les importa- solamente se conoce al número 1 al que llaman “lider” y que, naturalmente, ha sido designado por el Partido, probablemente por el propio Rajoy. Pero al resto de electos que, en el caso de Madrid, serían 56 (más el número 1) ¿quién los elige?. Naturalmente también el Partido, no los ciudadanos, porque van todos en el mismo pack. Eso existe en la actualidad y es muy poco democrático. Pero la reforma de Rajoy pretende ir más allá, pues lo que quiere es otorgar “de matute” 5 concejales más a aquella lista que obtenga al menos el 30 % de los votos. Vemos que, de llevarse a cabo esta reforma, la proporcionalidad no la va a conocer “ni la madre que la parió”.

            El segundo intento, no ya de de maquillaje sino de cirugía estética de la buena,  es lo que proponía el otro día el Ministro de Justicia de transformar los 17.000 aforados en 22. Hasta ahí todos de acuerdo. Yo diría más, no 22 sino ninguno, tal como ocurre en Alemania, Gran Bretaña o Estados Unidos. Pero la cosa tiene también su sinuosa trampa porque, al mismo tiempo que proponía tal medida, el Ministro decía también que las causas judiciales deberían pasar de ser instruidas por jueces independientes a serlo por los fiscales. ¿Y qué es lo que ocurre con ello?. Pues es muy sencillo: que los fiscales tienen dependencia jerárquica (no son independientes como los jueces) y que la máxima autoridad de la jerarquía es el Fiscal General del Estado, que es nombrado por el Gobierno. Por lo tanto, esta reforma que propone el Ministro va a consistir en que todas las personas con poder del país, sean políticos, banqueros o presidentes de grandes empresas se van a convertir en aforados; eso sí, no de derecho, pero sí de hecho. En definitiva, que casos como el de la Infanta Cristina o el de Blesa van a ser lo más normal del mundo.

            ¿Y cómo se puede conseguir que los ciudadanos se conviertan verdaderamente en los mandatarios de los electos y haya una verdadera recuperación democrática?. Pues voy a citar algunas de las medidas que ya existen en otros países de nuestro entorno:

  • Elección del Jefe del Estado, que ya va siendo hora en el siglo XXI.
  • Elección del Presidente del Ejecutivo al margen del Parlamento.
  • Listas uninominales en Congreso, Senado, Autonomías y Ayuntamientos, en las que los ciudadanos, elijan de verdad al representante que deseen dentro de su circunscripción. En Gran Bretaña, por ejemplo, la ley permite que cualquier ciudadano se pueda presentar en su distrito, aunque sea sin estar dentro de un partido político, tan solo poniendo un depósito de 500 libras (unos 600 euros).
  • Un Poder Judicial absolutamente independiente del legislativo y del ejecutivo, en el que el ascenso en la carrera judicial dependa del mérito y no del “dedazo” del Gobierno para nombrar al más fiel.
  • Y todo ello en unos partidos con democracia interna, que nunca será perfecta, pero en el caso del PP se parte de 0, luego cualquier avance sería bien recibido.

            Con ambas propuestas el PP lo que pretende es ganar, con antidemocráticos cambios legislativos, lo que ya no es capaz de ganar con los votos de los ciudadanos y, al mismo tiempo, “venderlo” como si de la mayor de las democracias se tratara. Pero no cuenta con que los ciudadanos ya hemos alcanzado la mayoría de edad y estamos bastante hartos de mentiras y de manipulaciones.

            Estoy segura que la democracia en ningún país es perfecta, pero al menos tiene leyes que tratan de contraponer unos poderes con otros y le otorgan al ciudadano derechos que le hacen dignos de tal nombre. En España, en 2014, nos siguen considerando súbditos y, si se te ocurre rebelarte lo más mínimo, te insultan, te amordazan y, con un poco de suerte, te mandan a la policía.

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