EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN

EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS: LA “CASA DE TODOS” EN LA QUE NO SE PUEDE LLORAR

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Lamentable, triste, humillante, doloroso, para las víctimas del tren se Santiago y para todos los ciudadanos de bien, el comportamiento abyecto y miserable del PP y del PSOE el día 28 de abril, último día de actividad parlamentaria en esta breve legislatura.

El PP, siguiendo su trayectoria habitual, con el vocero de Rafael Hernando, nos volvió a insultar llamándonos a las víctimas tontos, pues solamente los tontos se dejan manipular después de tres años de procedimiento judicial, después de haber pedido directamente a la Ministra Ana Pastor y al ex ministro José Blanco nuestro deseo de saber la verdad desde el principio, cuando todavía no había participado en esta petición reiterada por la Asociación de Víctimas ningún partido político, cuando denunciamos al Estado español en la UE por incumplimiento de la normativa europea en materia de seguridad ferroviaria y, sobre todo, cuando conocemos al dedillo cada una de los 60 tomos y las 25.401 páginas que componen dichos tomos.

No, Hernando, no somos ningunos tontos, somos gente preparada, con un nivel profesional y cultural que tú, indigente intelectual, jamás podrás ni siquiera rozar mínimamente. Tú estás donde estás por “pelota”, por villano, por reaccionario, pero no por ningún otro mérito. Y, además, eres muy mala persona, cuando te atreves en el Congreso a reírte de las víctimas, sonriendo después de emitir tu vomitivo mensaje, cuando demuestras no conocer ni siquiera el lugar donde se produjo el accidente (¿te acuerdas? “Angruá”),  cuando tienes la desfachatez de decir algo que sabemos que es verdad: que el PP llegó a un acuerdo con el PSOE; lo  que ya no dijiste es el porqué de ese acuerdo. Yo te lo diré: para tapar toda la “mierda” que existe debajo de ese accidente, que es mucha y tú lo sabes.

Respecto a la actitud del PSOE es todavía más lamentable porque es más hipócrita. Después de votar 4 veces en contra, finalmente votó favorablemente a que se debatiera en Pleno la creación de una Comisión de Investigación Parlamentaria. Pero luego, como lacayos del poder de los que verdaderamente mandan en su partido, se desdijeron y votaron en contra cumpliendo fielmente las órdenes. ¡Y claro que las cumplieron! no vaya a ser que a alguno no lo vuelvan a poner en las listas. Todavía estamos esperando la contestación a las cartas que le enviamos en su momento a Alfredo Pérez Rubalcaba y luego a Pedro Sánchez, sin que hayamos recibido respuesta alguna. ¿Es que no saben ustedes escribir?, ¿son acaso ágrafos? ¿o es que los ciudadanos somos tan insignificantes para ustedes que no nos merecemos ni eso?.

En sus filas hay gente tan miserable como José Blanco que, en Bruselas, se permitió gritarle a un padre que había perdido a su hijo de 22 años o tan imbécil como Rafael Simancas, que en una reunión que tuvimos con él, como toda excusa nos dijo que el accidente “no se había hecho aposta”. Son tan hipócritas que en muchos de los ayuntamientos en los que tienen representación sus concejales se muestran a favor de la Comisión ¿Por qué?, para quedar bien ante los ciudadanos y luego darnos el palo en el Congreso, que es quien tiene las competencias. Todo un modelo de ética y estética. ¿Y ustedes son los que dicen que quieren un “cambio” para nuestro país?. No me hagan reír. Me recuerdan mucho a los colaboracionistas del Gobierno de Vichy en la 2ª guerra mundial; bueno, probablemente su incultura generalizada les impida saber de lo que hablo.

Pero de todas las conductas abyectas y miserables hubo una que me dejó impresionada y de la que todavía no me he repuesto. Me refiero al trato, más bien al “maltrato”, que recibimos las víctimas en la tribuna llamada de “invitados”. Me voy a referir a una que yo sufrí directamente.

Cuando comenzó a hablar en nombre de En Marea la Sra. Fernández (esa sí  que es una Sra., además de un ser humano), los grupos de Podemos, Compromis, IU y algunos más, nos dieron la bienvenida de pié con un amplio aplauso. A mí aquello me produjo emoción y se me escapó una mueca de llanto contenido. Pues, en ese momento, una ujier que no nos quitaba ojo, me dijo: “aquí no se pueden hacer gestos”. La verdad es que nunca en mi ya larga vida me pasó algo parecido, me sentí como si estuviera rodeada por la Gestapo.

Por eso cuando alguien se atreva a decir delante de mí que el Congreso de los Diputados es el santuario de la democracia y la casa de todos yo le responderé, con conocimiento de causa: Es una casa donde un ciudadano no puede llorar.

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