EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN

EL MACHISMO EN ESPAÑA: UN CASO REAL

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Actualmente todavía sufrimos en España la espantosa lacra del machismo, con muchas mujeres muertas a manos de sus parejas o ex parejas, así como miles de mujeres que, sin llegar a ser asesinadas, sufren diariamente violencia física o psicológica. Eso es una espantosa realidad. Sin embargo, el maltrato a las mujeres es hoy condenado por toda la sociedad y casi nadie, al menos públicamente, se atreve a defender lo contrario. Este hecho, aunque no es la solución al problema, supone un claro avance respecto a lo que ocurría en España en décadas anteriores. Seguidamente pondré como ejemplo un caso real, del que he cambiado el nombre para preservar su identidad.

Años 70. Tania es una mujer de 23 años que acaba de contraer matrimonio por la Iglesia, que era la única forma de hacerlo para que fuera reconocido administrativamente. Su flamante esposo, ocho años mayor que Tania, es un profesor de la Universidad que, poco después, se convertiría en catedrático, gracias a la inestimable ayuda de un cura dominico, naturalmente franquista. Su vida en común desde el principio no fue muy bien, ya que cada uno tenía valores distintos y formas diferentes de ver el mundo. Mientras que Tania siempre fue una mujer avanzada a su tiempo y rebelde por naturaleza, su marido, E., era muy conservador y aceptaba el orden establecido -entonces franquista- de manera total y absoluta. Además de eso, E. era una persona egocéntrica y distante, al que solo le importaba su propia carrera, siendo Tania algo secundario para él. A los dos años de matrimonio tuvieron un hijo.

Como consecuencia de esa diferencia de valores, Tania comenzó a tener problemas con E.: tuvo que soportar un afán de control por el solo hecho de que quería trabajar, quería ser independiente y tener su propia vida. E. era el típico marido que daba una imagen distinta en casa que fuera de ella, como ocurre con el típico maltratador. Llegó un momento en que la situación se hizo tan insoportable para Tania que decidió marcharse de casa, con la intención de volver por su hijo, una vez que organizara su vida, siendo esto consentido por parte de su ex marido.

Pero cuál sería su sorpresa cuando, casi de manera inmediata, recibió una demanda de separación -todavía no existía el divorcio- acusándola de abandono de hogar y de un montón de perversiones que a Tania nunca se le pasaron por la cabeza.

Como consecuencia de esta demanda, se realizó un juicio con un juez franquista, unos testigos franquistas e, incluso, la colaboración de su propia familia, concretamente de su madre que, desgraciadamente, también había sido influida por valores franquistas.

En aquellos años la definición era clara para la mujer: si querías tener una profesión eras una puta, si querías tener tu propia independencia, eras una puta y, naturalmente, si osabas abandonar el domicilio conyugal dominado por tu marido, eras una puta. Para ser una mujer decente, tenías que convertirte en una ama de casa, someterte al control de tu marido y tener como único horizonte el cuidado de tus hijos.

Pero lo peor para Tania no quedó ahí. El marido de Tania, E., que se autodenominaba – ¡qué sarcasmo!- “progresista”, solicitó una nulidad de matrimonio en el Tribunal de la Rota, naturalmente previo pago de una importante cantidad de dinero. Y la Iglesia alegó que el matrimonio nunca había existido porque Tania estaba loca y no sabía lo que hacía.

Tania intentó por todos los medios recuperar a su hijo, pero los tribunales franquistas se lo negaron una y otra vez.

Pasado el tiempo, Tania rehízo su vida con el hombre que la ha acompañado a lo largo de ésta y que siempre fue su verdadero compañero.

Sin embargo, a pesar de la lucha que Tania inició, las circunstancias propiciaron que perdiera el contacto con el hijo de su ex marido, que se fue a vivir con su padre fuera de Madrid. Este hijo fue sometido por todo su entorno a un verdadero lavado de cerebro, lo que se conoce en medios psicológicos como el “síndrome de alienación parental”, por el que se manipula al menor hasta conseguir que termine odiando al progenitor no custodio, en este caso la madre.

El menor creció y Tania tuvo dos hijos más, pero al hijo de su ex marido le manipularon de tal manera que le hicieron perder el apego con su madre, como si ésta fuera un cúmulo de maldad. Lo peor de todo fue que este chico creció y, a pesar de tener en la actualidad 44 años y creerse también progresista, ni una sola vez se ha planteado enterarse de qué es lo que pasó y si su madre, en aquellos tiempos, tuvo que sufrir las consecuencias de la dictadura de su tiempo y fue una víctima de la violencia de género.

Resulta fácil criticar al PP y al pensamiento conservador, mientras uno mismo no se plantea qué ocurría con las mujeres durante el franquismo, sobre todo si una de esas mujeres es tu madre.

Seguramente si viéramos esta historia en un film, lloraríamos y, sin lugar a dudas, nos pondríamos de parte de la mujer que veríamos como víctima, pero a veces en la realidad perdemos la perspectiva de las cosas y, sobre todo, del entorno en donde ocurrieron.

Viendo este caso y otros muchos casos anónimos de mujeres que fueron víctimas del franquismo, tendríamos que reivindicar, dentro de la Memoria Histórica, un apartado de las víctimas de violencia de género durante esta época. Seguramente nos asombraríamos de la multitud de casos de mujeres maltratadas, que sufrieron a causa de las creencias de una sociedad retrógrada y franquista.

 

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