EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN

BORRÓN Y CUENTA NUEVA

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Esta mañana escuchábamos a Pablo Casado en una entrevista para la Cadena SER decir, en referencia a la Memoria Histórica, que la dictadura franquista y todas sus lamentables consecuencias se acabaron con la Transición que, según él, fue un modelo para el mundo.

No sé si es que el Sr. Casado, por no haberse ilustrado con la lectura de historiadores de relevancia internacional, alguno de los cuales incluso podría pertenecer a su ámbito ideológico, desconoce qué fue lo que ocurrió en este país en la llamada “transición”. Por eso quizá conviene refrescarle la memoria.

La transición, Sr. Casado, fue un “enjuague” entre diferentes núcleos de poder de distinto signo que acordaron, una vez muerto el dictador, participar en una parte del “pastel” del gobierno de la nación, para lo que algunos -no todos- renunciaron a su ideología. Es a lo que eufemísticamente se le ha llamado “consenso”.

Ese llamado consenso consistió en que siguieron gobernando los mismos que lo habían hecho hasta entonces, aunque a partir de ese momento sin Franco, defendiendo los privilegios de los mismos y la sumisión manipulada del resto de la población.

Los perdedores, llamados también la “izquierda”, representados esencialmente por el Partido Socialista y el Partido Comunista, aceptaron de buen grado el papel de comparsa en ese teatrillo que se montó en torno a la construcción de un país supuestamente democrático.

Le voy a dar algunos ejemplos objetivos de leyes trascendentales que se aprobaron en aquel momento histórico con el acuerdo de todos: la Ley de Amnistía, publicada en el BOE el 17 de octubre de 1977 y que actualmente sigue en vigor, fue aprobada por UCD, PSOE, PCE y nacionalistas vascos y catalanes. Dicha ley, entre otras cosas, perdonaba “los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas”. Aunque parezca increíble, eso fue lo que aceptaron los que, en aquel momento, eran llamados “padres de la patria”. Esta ley, como se ha visto recientemente en la impunidad manifiesta de algunos torturadores y criminales, acabó con los crímenes del franquismo. El dictador se murió en su cama, con todas las atenciones médicas posibles en aquel momento y todos sus secuaces quedaron libres de toda culpa.

Debo recordarle, Sr. Casado, que esta ley, impensable en cualquier país democrático de nuestro entorno, ha sido duramente criticada por las Naciones Unidas ya que España, antes de la aprobación de dicha ley, había suscrito el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, que obligaba a castigar la violación de los derechos humanos.

Otro de los acuerdos a los que se llegó en aquel momento fue cumplir los deseos del dictador respecto a la monarquía. Si, lo ha oído bien, Sr. Casado, cumplir los deseos del dictador. No podemos olvidar que en 1947, 11 años después de acabar la guerra civil, Franco aprobó una de las ocho leyes fundamentales del régimen, que era la Ley de Sucesión de la Jefatura del Estado, de acuerdo a la cual España se convierte en un reino, pero sin rey, ya que el dictador tenía claro que él sería el Jefe del Estado hasta su fallecimiento. En 1978, con el tan aplaudido “consenso”, se cumpliría unas de las voluntades más firmes de Franco.

La monarquía pasó a ser, en la Constitución de 1978, uno de los títulos absolutamente blindados, de manera que ya se ocuparon los que “consensuaron” para que fuera algo prácticamente inamovible.

Llegó el gobierno de UCD y, en un momento en el que la monarquía no gozaba de mucha popularidad, tiene lugar el 23F, cuya autoría nunca fue desvelada oficialmente, pero del cual se han escrito todo tipo de hipótesis, algunas muy documentadas fuera de España, porque aquí siguen clasificados los documentos.

Es en ese momento cuando Juan Carlos I, ese del que ahora sabemos que tiene una fortuna en Suiza, hace negocios con dictaduras (él aprendió mucho con Franco) y tiene testaferras, a las que utiliza haciendo parecer que son amantes, alcanza cierta popularidad, como el “salvador de la patria”, cosa que también decían de Franco.

Y así, con una Constitución sin proceso constituyente votado por los ciudadanos, con un Jefe del Estado y su heredero no votados por nadie y con unos “consensos” que para lo único que sirvieron fueron para amnistiar criminales y para mantener los privilegios de los mismos que los tuvieron desde que se instauró el franquismo, llegamos al día de hoy, sin haber cortado nunca jamás con la cruel dictadura.

Las víctimas, Sr. Casado, no pueden consensuar eso, las víctimas quieren reparación, las víctimas quieren un corte radical con esta realidad, que es solamente una continuidad de la situación anterior. Y los que no fuimos víctimas apoyamos esas reclamaciones por un mínimo sentido de la ética y de la decencia.

Ni en Alemania se permitió que hubiera consenso con el régimen nazi, ni en Italia se permitió que hubiera consenso con el régimen fascista, ni en Rusia se permitió que hubiera consenso con el régimen estalinista y en Argentina se derogó la Ley de Punto Final y Obediencia Debida. Esa es la Historia.

No es ético ni siquiera práctico hablar de borrón y cuenta nueva, Sr. Casado, porque la Historia no se puede emborronar, hay hechos, datos, testigos y analistas que lo verifican. Y tampoco podemos hablar de cuenta nueva mientras no se haya saldado la vieja, porque la memoria, la memoria individual y colectiva no se puede borrar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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