EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN

EL FASCISMO DE VOX

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Hace unos días el líder de Vox, Santiago Abascal, fue invitado a un programa de televisión para hacerle una entrevista. El entrevistador, no sé si haciendo gala de una incapacidad para hacer entrevistas o porque lo tenía pactado con el entrevistado, le espeta: “¿es usted fascista?”. Naturalmente, Abascal dice “no”. ¿Alguien podrían pensar que iba a decir otra cosa?

            Por supuesto, si preguntamos a alguien que ha cometido un delito si es un asesino, un maltratador, un torturador, en el cien por cien de los casos dirá que no. Aunque admita haber realizado alguna fechoría lo describirá de otra manera: tuvo un ataque de ira, perdió el control, obedecía órdenes, pero jamás va a admitir calificativos tan denostados por la sociedad.

            El fascismo ha pasado a la Historia como un movimiento político totalitario, antidemocrático y brutal, con un desprecio total por los Derechos Humanos. La Segunda Guerra Mundial ha dejado buen testimonio de ello, testimonio que forma parte de la memoria colectiva. Después de la Segunda Guerra Mundial, debido al rechazo de la ideología y de los regímenes fascistas, pocos partidos o colectivos se han autodenominado claramente fascistas Por eso ni Abascal ni nadie va a admitir que es fascista. Al menos en este momento.

            Pero para averiguar si un grupo o partido es fascista solamente hay que analizar sus proclamas, lo que defienden, lo que atacan y eso nos servirá para identificarlos. La exaltación de valores como la patria, con un nacionalismo centralista exacerbado, el desprecio a las minorías que vienen de fuera –xenofobia- como los refugiados (nótese que no digo inmigrantes porque ahí está el truco de “los que son ilegales”), que vienen huyendo de la guerra, de la persecución, de la miseria y que tienen derecho de asilo, según os Tratados Internacionales firmados por el Estado español; el considerar antiespaña a todos los elementos que degeneran “lo español” (rojos y separatistas); el rechazo a los diferentes, como las minorías LGTB, un fuerte militarismo, con una exaltación constante y exagerada de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, cosa que no hacen con otros colectivos, como médicos, profesores…

            Otras características del fascismo es el concepto de un Estado centralista, fuerte, controlador de todo, que debe intervenir en la vida de los ciudadanos, eliminando derechos y libertades (derecho de reunión, de manifestación, de huelga, libertad de prensa); la eliminación de los partidos políticos que no les gustan, para ir poco a poco eliminando el sistema de partidos, con la deriva de dejar un partido único, que mantenga una sociedad ordenada y obediente, sin ningún disenso; la defensa de los valores tradicionales, así como la defensa de los intereses de las clases más poderosas (en lo que coincide con la derecha tradicional); la exaltación de la virilidad y de los valores familiares tradicionales con altas tasas de natalidad; clara separación de los géneros y rechazo del feminismo; la utilización de símbolos y lemas patrióticos; aumento de las penas y la introducción de nuevas penas para delitos políticos; el saludo romano (brazo en alto).

            Así podríamos seguir con muchas más similitudes entre lo que defiende Vox y las características del fascismo, teniendo en cuenta siempre el contexto en que éstas se producen -el siglo XXI-, lo que modifica indudablemente la forma de manifestarse, como por ejemplo el afán imperialista que, con la geopolítica actual es impensable.

            Hemos tenido que escuchar cómo se califica a las mujeres que trabajan en el ámbito de violencia de género como “feminazis”, a pesar de las 1000 mujeres asesinadas por esta causa; hemos tenido que escuchar con vergüenza ajena, por lo “chusco” de la afirmación, que las mujeres “violan” sexualmente; hemos tenido que escuchar que había que tomar “medidas” contra Bélgica (¿declarar la guerra?); hemos tenido que soportar las acciones en contra de una película de Amenabar, interrumpiendo incluso su exhibición en un cine; hemos tenido que observar cómo una diputada de Vox ha tenido que ser expulsada del Congreso al grito de “¡es por España!”, infringiendo todas las normas del mismo; hemos tenido que conocer cómo Vox pretende hacer “listas negras” de funcionarios; hemos tenido que escuchar cómo Vox defiende la posesión de armas y la utilización de las mismas como defensa personal, ofreciendo incluso medallas por agredir a alguien sin juicio ni condena previa. Podríamos seguir así hasta el infinito, pero sería demasiado tedioso.

            Lo grave es que una encuesta de hace pocos días colocaba a Vox como la tercera fuerza política del país, lo que indica que va consiguiendo un ascenso poco a poco. Esto me trae a la memoria el ascenso de Hitler en los años 30, no lo puedo remediar. Pasó de ser un partido insignificante, a conseguir tener una mayoría en Alemania, con el apoyo, por cierto, de otros partidos. Pasó de un programa en el que aceptaba a los partidos políticos a prohibirlos todos. Pasó de decir ¡Alemania lo primero! a realizar un genocidio contra buena parte de los ciudadanos alemanes.

            Deberíamos aprender de la Historia para no repetirla. Deberíamos exigirle a los socios de Vox (PP y Cs) que se pronuncien sobre determinadas afirmaciones de este Partido y las critique si es que consideran que son dignas de crítica. Las conductas interesadas y colaboracionistas con el fascismo conducen irremediablemente al caos.

            Siempre ha sido así y lo seguirá siendo

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