EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN

EL TIMO DE LA MONARQUÍA

Deja un comentario

Nos acaban de decir, aunque ya todos lo sabíamos hace tiempo, que el rey llamado equivocadamente “emérito”, ya que no hizo en su vida absolutamente ningún mérito para ser premiado por ello, se ha llenado sus bolsillos personales a costa de comisiones de Arabia Saudí con motivo de las obras del AVE. Eso que se sepa.

            Naturalmente, esta noticia no ha sido desvelada por la prensa española sino por el diario británico “The Telegraph” y, como consecuencia de ello, la Casa Real se ha apresurado a hacer un comunicado en el que el rey Felipe VI repudia a su padre, le quita su asignación presupuestaria y renuncia a su herencia. Todo ello es sumamente sorprendente porque, a pesar de que era conocedor de todo ello, toma esta decisión únicamente cuando un medio británico publica la citada información. También sorprende que renuncie a una herencia antes de recibirla, lo que no está contemplado en ningún precepto legal, como no podía ser de otra manera.

            Pero este hecho no denota solamente un cinismo y un oportunismo más que obvios por parte de la Corona, que también, sino que plantea un problema mucho más profundo como es la propia existencia de la monarquía en el siglo XXI y cuáles han sido los orígenes y la trayectoria de la restauración de la monarquía en nuestro país.

            A nadie le voy a descubrir que el rey Juan Carlos I fue traído y adoctrinado por el dictador Franco y que juró los Principios Fundamentales del Movimiento. Hay tantos documentos históricos y gráficos que sobra toda explicación.

            En lo que sí me gustaría detenerme es en el hecho de que la “monarquía parlamentaria” se nos ha vendido como una herramienta fundamental de la Transición, que ni fue tan “modélica” como se nos ha hecho creer ni estuvo liderada por un monarca intachable que amaba a su país por encima de todo y que, incluso, en un momento casualmente de baja popularidad de la propia monarquía, abortó el golpe de Estado del 23F. Ni la Transición fue ningún modelo ni la monarquía ha sido desde ningún punto de vista ni intachable ni imprescindible.

            Pero con estos mimbres, transición modélica y monarquía imprescindible, se forjó el Régimen del 78, un régimen que hoy hace aguas por todas partes y que ya no hay forma de maquillar, por mucho que los poderes fácticos se empeñen en ello.

            La Monarquía es un sistema hereditario, derivado de unos tiempos pretéritos, cuando todavía el concepto de democracia ni siquiera había sido mínimamente gestado. Nace, entre otras cosas, por la necesidad de unir, mediante matrimonios, territorios entre familias que eran poseedoras de ellos, lo que sin duda alguna no es el caso de nuestros tiempos. Y los modelos hereditarios tienen sus propias reglas que nada tienen que ver con lo que conocemos políticamente en un sistema democrático.

            Un rey no tiene personalidad propia, sino que representa a una Institución, ya que hereda el trono sin tener en cuenta su valía personal o moral, lo hereda por ser hijo de alguien que ya lo poseía. Puede ser listo o tonto, bueno o malo, honesto o inmoral, canalla o héroe, sea como sea hereda el trono. Esto plantea una derivada y es que no se trata de que, a estas alturas, cuando el rey Juan Carlos está en completo declive, se nos quiera vender que él era el malo pero que su hijo Felipe es el bueno. No, las cosas no son así.

            Ese razonamiento solo cabe aplicarlo a los gobernantes que se presentan a las elecciones: un partido puede haber tenido un gobernante con una gestión pésima, pero presentar posteriormente a otro completamente distinto para ser elegido y éste puede ser excelente.

            Pero no podemos aplicar las reglas de la democracia a una Institución no democrática como es la Monarquía. Los monarcas son una familia: los Romanov, los Windsor…, una familia que se valora en su conjunto, no en posibles diferencias individuales. Por eso, da lo mismo Juan Carlos, que Felipe, que Leonor, son una familia que hereda un poder, nada menos que la Jefatura del Estado, sin que nadie los elija, que son inviolables, que no han de demostrar especiales habilidades y que, eso sí, no hacen esto altruistamente sino que les pagamos todos los ciudadanos.

            Sin duda, las instituciones políticas actuales harán lo posible y lo imposible por mantener la Institución monárquica porque, desde la muerte del dictador Franco, ha sido la columna vertebral del sostenimiento del Sistema. Pero esto, desde un punto de vista puramente histórico y sociológico, ha llegado a su fin, entre otras cosas porque las generaciones jóvenes y futuras no lo entienden ni lo van a entender.

            Creo que ha llegado el momento de hacer una transición, pero una transición democrática de verdad no como la de 1978, cuyo único objetivo fue mantener las esencias del franquismo dulcificadas y maquilladas. En esta transición no caben reyes de ningún tipo, ni herederos, ni infantas para ostentar la Jefatura del Estado.

            La única opción posible, como en la mayoría de los países democráticos de nuestro entorno, ya que las monarquías existentes actualmente son puras reliquias, es una República cuyo Jefe del Estado sea elegido por los ciudadanos y cuya gestión sea igualmente evaluada al cabo del mandato.

            No hay otra opción y cuanto antes nos pongamos en marcha antes conseguiremos tener una democracia de primera  y dejar el lastre del pasado en el baúl de los recuerdos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s