EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN

CARTA ABIERTA A LOS POLÍTICOS DE UNA CIUDADANA DE “A PIE”

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El término popular de “a pié” se corresponde a la diferencia de ver la realidad que tienen unas personas y otras, en este caso los que dirigen y los que somos dirigidos, es decir los políticos y los ciudadanos comunes, en nuestro día a día. Es tan abismal esta diferencia que formamos parte de dos mundos distintos, que en nada se parecen. Lo de “a pié” está muy bien puesto en el lenguaje popular porque los políticos no van ni andando, ni en transporte público ni siquiera conduciendo su coche, ya que disponen de chóferes elegantes que les llevan y, además, les abren la puerta para que no se cansen demasiado al hacer este gesto. Además, se permiten llevar coches contaminantes, no eléctricos, cosa que el común de los conductores no podemos hacer para circular por el centro de las ciudades.

            Si algún político quiere “aterrizar” en el mundo real, yo le recomendaría una cosa: que abra una cuenta de correo electrónico, tenga un teléfono y una identidad temporal como un ciudadano cualquiera y comience a hacer una gestión, de esas que todos los demás mortales nos vemos obligados a hacer cada día.

            Para empezar puede intentar pedir cita en la Seguridad Social para solicitar un subsidio, acreditarse para tener una firma electrónica, jubilarse o cualquier otra cuestión que requiera un trámite administrativo. Pues bien, el recorrido que tendrá que hacer es el siguiente: irá a la página web de la Seguridad Social para pedir cita y no podrá porque están todos los días cubiertos, por lo que le remitirán a dos teléfonos; cuando llamen a uno de ellos, aparecerá un contestador automático remitiéndoles de nuevo a la página web y, si acude al otro, le dirán que no existe. Si uno osa presentarse en alguna oficina, no le dejará entrar un agente de seguridad privada y le remitirá a un anuncio que hay en la puerta y que está lleno de “QRs” que, para quien no lo sepa, son esos cuadraditos con dibujos que se tienen que abrir a través de una APP. Hay diferentes QRs: para pensiones, subsidios, firmas y otros menesteres. Y se forma una cola enorme para hacer fotografías de los QRs.

            Ese político “curioso” también puede intentar pedir cita en un Centro de Atención Primaria y se encontrará lo siguiente: la cita personal es imposible porque, al poner la fecha, aparece por internet un cartelito en rojo te dice que no hay citas para los siguientes siete días y luego los otros siete siguientes y luego los otros siete siguientes, así hasta el infinito. Si quieres optar por una cita telefónica, das tu móvil y dicen que te llamarán dentro de un mes, por lo que ni pueden explorar tu cuerpo ni ver qué color de cara tienes o si el ritmo cardiaco está bien. Así que dentro de un mes, si no te has muerto o te has puesto peor, seguro que ya te has curado con remedios caseros o lo que te haya dicho el vecino que tuvo lo mismo.

            Si el político con falsa identidad tuviera que hacer un trámite en el SEPE para recibir el subsidio de desempleo, debería comenzar por pedirle  a algún amigo o familiar que le preste el dinero para vivir, ya que ningún Banco le da préstamos a un desempleado, porque mientras que le dan cita y le empiezan a pagar transcurrirán unos cuantos meses. Y si trata de cobrar el Ingreso Mínimo Vital, que decían iba a ser algo automático, pues tendrá que buscar y presentar tantos papeles que terminará en las colas del Banco de Alimentos antes de resolverlo.

            Este político reconvertido temporalmente en ciudadano de a pié puede que quiera saber cómo funciona la Justicia. Pues en ese caso no le dará tiempo, porque en este ámbito el tiempo no existe, es infinito como el universo. Al político le dará tiempo a dejar el cargo e, incluso, a jubilarse antes de que se vea su causa y el procedimiento termine, aunque sea algo sencillo sin demasiadas complicaciones. Si encima se trata de algo más complejo, como por ejemplo el caso del Alvia, seguro que fallecerá antes de verlo resuelto.

            El otro día, en una de las ruedas de prensa que dio el Presidente del Gobierno, dijo que era conveniente vacunarse de la gripe a principios de octubre. Pues bien, nuestro político convertido en ciudadano por un tiempo podrá ver en la página web de la Atención Sanitaria de la Comunidad de Madrid cómo no hay nada anunciado al respecto y en otro lugar de internet se dice que la campaña comenzaría el 28 de octubre solo para que te puedan dar cita. Claro que los políticos reales no tendrán ningún problema con la vacuna de la gripe porque se la llevan al Congreso de los Diputados y a la Asamblea de Madrid, sin que tengan que molestarse en ir a ningún sitio ni siquiera con su flamante coche y su elegante chófer.

            Así que, con unas pocas experiencias, nuestro político podrá comprobar cuál es el país real, que dista mucho de ser el país que imagina.

            Pero no crean que este problema es solamente de los políticos de ahora. Ni mucho menos. En la década de los 80, repito por si quedan dudas, en la década de los 80, cuando existía formalmente una democracia en España, había leyes por las que un niño nacido en España de padres no casados por la Santa Iglesia Católica, no podían tener los apellidos de éstos. Por lo tanto, si no querías que tu hijo fuera señalado de por vida y tenías “posibles”, es decir dinero, la solución era marcharte al extranjero, a un país donde tu hijo pudiera adquirir la nacionalidad por el sistema ius soli, es decir el derecho a la nacionalidad por haber nacido allí, como por ejemplo Gran Bretaña.

            Por eso, cuando veo a los de las banderitas cuya solución a los males de este país es volver a los tiempos negros y casposos de la dictadura me echo a temblar.

            Claro que todo esto que les he contado se aminora mucho cuando eres un ciudadano con recursos económicos: no necesitas el Ingreso Mínimo Vital ni probablemente el subsidio de desempleo, puedes acudir a la medicina privada que no te va a tener esperando meses, te puedes vacunar y hacer las pruebas del Covid por la misma vía, puedes esperar a cobrar la jubilación y hasta te puedes marchar al extranjero para resolver asuntos de filiación. Parece ser que los políticos, cuando gestionan, piensan más en ese tipo de ciudadanos. Pero como podrán comprender ni eso es soberanía popular ni se le puede dar el título de democracia.

            Por razones históricas y sociológicas este país tiene un lastre político difícil de eliminar: unas instituciones decimonónicas, una ausencia de responsabilidades atribuyendo siempre la culpa al otro, una amiguismo y un nepotismo que hacen que el mérito y la capacidad sea solo un mero eslogan y, lo peor de todo, un corte radical entre los que forman parte del “entourage” (séquito) político y los que somos meros ciudadanos.

            Será por eso que no me siento concernida ni me produce ninguna emoción aquello de la “madre patria” porque, más que una madre, me parece una madrastra.

            Y digo todo esto por mis experiencias como ciudadana de “a pie”.

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