EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN

RESPECTO A LA LEY TRANSEXUAL PROPUESTA POR EL MINISTERIO DE IGUALDAD

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Quiero dejar absolutamente claro que defiendo totalmente los derechos de las personas transexuales y la no discriminación en cualquier ámbito, así como la obligación de la sociedad y de los poderes públicos de proporcionarles todas aquellas herramientas y servicios que necesiten para su plena integración en la sociedad.

            Una vez hecha esta declaración, creo que lo que está haciendo el Ministerio de Igualdad es subestimar de una forma irresponsable este problema, que tiene unas causas y unas consecuencias, y que afecta gravemente a las personas que lo padecen.

            La primera anomalía es lo que ha venido a llamar el Ministerio de Igualdad “consulta pública”. ¿Qué es lo que van a consultar?, porque lo que hemos encontrado es un texto de poco más de cuatro páginas en el que nos pretende “vender” las bondades de una futura Ley, de la que no se incluye texto alguno. No obstante, vamos a analizar algunas de las cosas que afirma el citado texto de consulta.

            En primer lugar se refiere a que la norma actual no permite a las personas menores de edad solicitar la rectificación de la mención registral del sexo y cita una Sentencia del Tribunal Constitucional que está a favor de permitir esto a las personas menores de edad con “suficiente madurez” y que se encuentren en una “situación estable de transexualidad”. ¿Y quién determina la madurez y la situación estable de transexualidad en los menores? Porque si no lo pueden hacer ni los padres ni los profesionales, entiendo que es el propio menor el que determina su propia madurez, lo cual es inconcebible desde el punto de vista científico.

            Más adelante, dice que la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud en su undécima versión de 2018 (CIE-11) ha “despatologizado” las identidades transexuales y eso no es cierto. Lo que ha hecho la OMS en la CIE-11 es trasladar este trastorno, que lo es, del epígrafe de los trastornos mentales y del comportamiento al epígrafe de la salud sexual, calificándolo como “disfunción sexual”, que desde mi punto de vista es más correcto. Por eso lo primero que le pido al Ministerio de Igualdad es que no engañe a la gente. Por otra parte, en el DSM-V, una de las clasificaciones internacionales más utilizadas para los trastornos mentales, observamos como a este trastorno se le clasifica como “disforia de género”.

            El que una persona sufra un trastorno no significa que se la tenga que discriminar o marginar. Más de media humanidad sufre -o sufrimos- ansiedad, que está catalogado como enfermedad mental, y no pasa nada. El problema no es el trastorno, el problema es si de ese trastorno la sociedad hace un estigma. Pero eso no se soluciona eliminando y escondiendo el trastorno.

            Dejando a un lado el texto publicado por el Ministerio de Igualdad que apenas contiene más que unos cuantos lugares comunes relativos al derecho a la igualdad, con los que nadie sensato puede estar en desacuerdo, vamos a profundizar un poco más en este problema o disfunción, tal como lo llama la OMS.

            El sexo es algo biológico, no creo que nadie pueda dudar de ello; es lo mismo que tener los ojos azules o marrones, el pelo rubio o moreno o ser alto o bajo. Y naturalmente a los bebés se les inscribe en el registro en función de su sexo.

            Algunas personas cuando crecen, especialmente en la adolescencia y, según mi criterio, por razones de funcionamiento neurológico y endocrinológico, no se identifican con su propio cuerpo, lo que indudablemente les produce un gran sufrimiento psicológico porque sufren un fenómeno disociativo entre lo que son físicamente y lo que sienten psicológicamente. Y lo que estas personas necesitan es tener la posibilidad de que su cuerpo se transforme y sea distinto al que tienen (de ahí el nombre “trans”).

            Pero para hacer esa transformación se necesitan especialistas médicos, psicólogos, que lo que van a hacer es ayudar a la persona que sufre este problema para que logre superarlo, con todas las cautelas que requiere el caso y no de manera compulsiva y arbitraria, lo que para las personas afectadas crearía muchos más problemas sin solucionar ninguno.

            Si nos atenemos a la propuesta de Ley que hizo Podemos en el Congreso el 2017, único texto que tenemos hasta ahora, junto con las declaraciones hechas por la Ministra de Igualdad, podemos deducir en qué va a consistir dicha Ley.

            Esta Ley que la Ministra pretende aprobar está basada totalmente en la teoría queer, una teoría que surgió en los Estados Unidos en los años 90 entre círculos académicos y que, desde el principio, se ha explicado de manera farragosa e indigerible para que solo fuera accesible a determinados círculos elitistas y academicistas. Por ello vamos a intentar arrojar alguna luz sobre lo que dicha teoría defiende. Las ideas centrales de la teoría queer son:

  • La “mujer” como tal no existe y su condición no viene determinada por la biología. Esta afirmación está hecha por la principal teórica del antifeminismo posmoderno y queer, Judith Butler, que proclama que el sexo biológico es una construcción cultural, que va cambiando continuamente. Es decir, se borra el concepto mujer con el concepto género, que son cosas bien distintas.
  • Al no existir la mujer, no puede luchar por su emancipación y sus derechos.
  • Es una teoría totalmente individualista, que no tiene en cuenta los derechos colectivos de todas las mujeres.

            La teoría queer, por muy feminista y transgresora que se presente, es antifeminista e individualista y legitima conductas y actitudes muy dañinas para mujeres y niñas. Es una forma de destruir el movimiento feminista desde dentro. Esta teoría pone en cuestión el sujeto del feminismo, la violencia machista, la misoginia organizada, la defensa del porno, la prostitución, el sadomasoquistmo, la pedofilia y cuestiona la existencia del sujeto mujer. Esto, que podría ser solo un divertimento académico, si se tratara de conductas inofensivas, son una burla sádica y sangrante de la realidad de miles y miles de niñas y mujeres.

            La teoría queer es antagónica al feminismo entendido como movimiento de liberación de las mujeres. No tiene cabida dentro de él. Es más, es incompatible con el feminismo.

            Resulta bastante significativo que durante los años 70/80 el FBI declaró al Movimiento de Liberación de la Mujer como una amenaza para la seguridad nacional y que justamente en los años 90 surgiera la teoría posmoderna queer, ampliamente apoyada por el Poder y la Academia, con lo que se pretendió liquidar o domesticar al feminismo.

            ¿Qué pretende el Ministerio de Igualdad y su Ministra Irene Montero con esta Ley? ¿Cargarse al Movimiento Feminista, cuya lucha dura más de 300 años? ¿Conoce lo que significa el movimiento queer que es la base ideológica de su Ley? ¿O sencillamente “obedece órdenes de otros” que están por encima?

            Sea lo que sea, esta Ley, como ya dijimos al principio, no va a solucionar el problema de las personas transexuales sino que los va a agravar y les va a crear otros problemas añadidos, además de ir directamente en contra del movimiento feminista.

            Las mujeres, Ministra, seamos heterosexuales, bisexuales, asexuales, lesbianas, no podemos permitir más que pretendan expulsarnos de nuestra propia lucha, que se nos niegue, oculte o invisibilice, por mucha Ley que usted proponga.       

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