EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN

LA “DESINFORMACIÓN” Y EL PODER

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Aunque mi capacidad de asombro se encuentra bajo mínimos, teniendo en cuenta las situaciones que estamos viviendo diariamente, siempre queda algo por lo que asombrarse. Lo último, que seguramente pronto se convertirá en lo penúltimo de lo penúltimo, es la Orden 1030/2020 de 30 de octubre (BOE 5 de noviembre 2020), referente al Procedimiento de Actuación contra la Desinformación, sin que en la citada Orden se defina previamente el concepto del término, primer punto necesario cuando se pretende hacer un análisis riguroso.

            La norma comienza por hacer una referencia a Europa, lo que sin duda pretende otorgar a esta norma un plus de credibilidad, haciéndonos ver que eso no es algo “patrio” sino que tiene una base europea. Pero lo que no nos aclara de forma directa es que, cuando Europa se refiere a ese aspecto, lo hace solamente en dos casos: en relación con los procesos electorales y en la lucha contra el COVID 19. Nada más.

            Para comenzar el debate deberíamos preguntarnos, ¿qué entiende el Gobierno por “desinformación”? o mejor, ¿qué entiende por información? Porque la realidad tiene múltiples aristas y no existe una verdad única y objetiva. Esa máxima solo la afirman las religiones. Pero el Gobierno no es -o no debe ser- una organización religiosa sino una institución que tiene que respetar la pluralidad de la sociedad y, por lo tanto, los distintos puntos de vista. Incluso aquellas cosas que podrían calificarse como objetivas no lo son. Pongamos por caso los datos estadísticos, que dependerán de qué se pregunte, cómo se pregunte y cómo se interpreten los resultados.

            Actualmente vivimos en un mundo con redes sociales, que con todos sus defectos han traspasado la barrera del poder de los medios. Y si bien es cierto que en dichas redes se lee de todo, es la capacidad de cada cual la que ha de poner los filtros y la crítica. ¿Por qué el Gobierno nos trata como a menores de edad, a los que hay que ponerles “rombos” en las noticias como se hacía con los menores en las películas? Esto solo se puede calificar de trato bochornoso e indignante a los ciudadanos.

            Pero podemos decir más, ¿es que el Gobierno no nos “desinforma”? Porque siempre que saca una medida nos la vende como un logro único que va a solucionar todos los problemas del tema de que se trate. ¿Esas no son fakes news? Y por ir a lo concreto y no quedarnos en palabras huecas, el Gobierno nos ha vendido el ingreso mínimo vital como algo que iba a permitir que todo el mundo viviera en condiciones dignas, cuando el importe de tal subsidio no lo permite y ninguno de los miembros del Gobierno podría vivir ni tres días con esa cantidad. Nos han dicho que los ERTES iban a permitir que los trabajadores pudieran mantener su forma de vida cuando hay muchos trabajadores que llevan más de cuatro meses sin cobrar un solo euro. Nos dijeron que iban a derogar la llamada “Ley Mordaza” y todavía sigue ahí, sin que se haya modificado un solo artículo de la misma. Nos dijeron hace ocho años, dos gobiernos sucesivos, que nos podíamos montar con absoluta seguridad en el tren de Alta Velocidad de Madrid a Santiago y el resultado fueron 80 muertos y 144 heridos, habiéndonos enterado luego de que no cumplía las mínimas condiciones de seguridad, cuando nos dijeron todo lo contrario. Y, según tengo entendido, ahora pretenden decirnos, a través de una Ley, que las mujeres no existimos, que el sexo es algo cultural. Podría seguir poniendo ejemplos, pero haría demasiado exhaustivo este artículo.

            Lo que el Gobierno pretende hacer con esta Orden es un control de los ciudadanos que no perjudique sus intereses. Eso es lo único que pretende. Y eso no es democrático, Sres. del Gobierno, porque si algo tiene de ejercicio real la democracia es el derecho a protestar, a opinar, a ver la realidad desde cada particular punto de vista e, incluso, a equivocarse.  Ya sabemos que la mayoría de las veces esas protestas contra las instituciones no sirven para nada. Pero, ¡no nos quiten eso también, por favor!

            En Corea de Norte, Kim Jong-un no tiene que preocuparse por la desinformación, ya que la información no existe, tan solo existe lo que dice el “amado líder” con el que sus ciudadanos, por algunas imágenes que nos han llegado aquí, parecen estar encantados o, quizá, “acojonados”. La democracia está reñida con el control de la información, porque la democracia significa, entre otras cosas, hacer ciudadanos adultos que tengan criterios y opiniones bien argumentadas. Convertir a los ciudadanos en rebaños y luego controlar las informaciones que se les da para que las ingieran adecuadamente es algo perverso.

            Y luego está la Justicia, de la que se dice es independiente de otros poderes del Estado. Así pues, cuando una noticia difama, incita al odio o al delito, para eso están los tribunales. ¿Eso no lo ha tenido en cuenta el Gobierno? ¿O es que el Gobierno no se fía de la independencia de su propia Justicia?

            La Ministra González Laya ha puesto un ejemplo grotesco para justificar lo injustificable. Ha dicho que este Comité o Ministerio de la Verdad intentará “proteger” a los ciudadanos para que no nos dejemos engañar por alguien que nos diga que la lejía cura el coronavirus. ¿Me puede decir la Ministra si una sola persona en Estados Unidos ha puesto en riesgo su vida haciendo semejante cosa, por muy admiradora que fuera del caído Trump? Esa misma es ya una desinformación por parte de la Ministra.

            Al margen de todo lo que supone la violación de la libertad de expresión contenida como un derecho fundamental en nuestra querida y amada Constitución de 1978, el Gobierno muestra no conocer absolutamente nada sobre el pensamiento y la conducta humana. El ser humano es muy “tozudo” y, como se ha demostrado a lo largo de la Historia, se suele empeñar siempre en reafirmarse en sus ideas. Por lo tanto, por mucho que se empeñe el Gobierno y por muchas órdenes ministeriales que publique, cada ciudadano va a hacer caso a aquellos medios y personas que digan lo que cada uno quiere escuchar, aunque lo llamen “desinformación”. La única forma de acabar de raíz con ese fenómeno en los medios de comunicación y en las redes sociales es una dictadura férrea que controle todo. Y aún así, quizá pudiera existir alguna vía de agua.

            No creo en absoluto que el Gobierno quiera imponer una dictadura. No quiere y no puede. Lo que quiere el Gobierno, a mi modo de ver, es que los ciudadanos crean lo que el Gobierno quiera que crean y no se opongan ni critiquen sus actuaciones, siendo todos así la mar de felices.

            Pero eso, además de una “desinformación”, es una utopía.

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