EL BLOG DE TERESA GÓMEZ-LIMÓN

LA LLAMADA LEY “TRANS” Y EL FEMINISMO

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Desde su inicio, este Proyecto de Ley está provocando una gran discusión en la sociedad en general y, especialmente, entre los grupos feministas. Y no es para menos. Lo que ocurre, desde mi punto de vista, es que en muchos casos la discusión no entra en la esencia del problema, que son los propios conceptos, tras los cuales sin duda existe una concepción ideológica enmascarada.

            La primera anomalía que observamos es el propio título del Proyecto de Ley que dice: “Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans”. Lo primero que cabe preguntarse es ¿qué entiende el Gobierno por trans? Porque “trans” es simplemente un prefijo que significa “más alla de” o “al otro lado de”. Aunque todos sepamos de qué estamos hablando cuando se habla de la ley trans, eso puede servir para el lenguaje coloquial pero desde luego jamás para nombrar una ley. Quizá lo que ocurre es que no se ha querido definir si es transexual o transgénero, por eso mejor dejarlo en la indefinición en su propio enunciado.

            Decir que las feministas somos “transfóbicas” es simplemente un argumento populista que nada tiene que ver con la realidad y lo que intenta es desacreditar un movimiento masivo y universal cuya lucha, desde hace más de tres siglos, y continuas demandas están cambiando el mundo y a muchos, los que realmente lo dirigen, no les interesa. ¿Qué mejor, pues, que inventarnos algo que, con una apariencia de progresismo, contrarreste el movimiento feminista? Una idea muy brillante.

            Pero empecemos por el principio. El concepto “sexo” no tiene discusión alguna, son los atributos biológicos con los que nacemos, lo mismo que el color de los ojos, de la piel o del cabello. A esto se le llama en este proyecto de ley “el sexo asignado al nacer” (art. 4.2). Es como si los padres de un recién nacido/a le “asignaran” caprichosamente un sexo, cuando es algo puramente biológico. Eso se llama tergiversar el discurso, cuando debería poner “el sexo biológico”, eliminando la palabra “asignar”.

            Este Proyecto de Ley si pretende tener cierto rigor debería comenzar en la propia exposición de motivos por definir los conceptos que va a utilizar a lo largo del texto para no confundir al lector del mismo. Lo intentaremos hacer aquí.

            Como es bien sabido, el sexo es un concepto puramente biológico, se trata de las características sexuales que nos vienen dadas desde el nacimiento y que se expresan en los órganos genitales. El género son los atributos que cada cultura y cada sociedad asigna a cada uno de los sexos como, por ejemplo, que la mujer es sumisa, obediente, esta infradotada para asumir determinados trabajos y es preciso tratarla como un ser menor de edad. Contra todas esas características atribucionales hemos venido luchando las feministas desde hace tres siglos. Así se ha conseguido el voto, un papel de mayor responsabilidad en la sociedad, una libertad de la que carecíamos y un largo etcétera.

            La transexualidad es la característica de determinadas personas que, por razones neurológicas y endocrinológicas en las que ahora no vamos a entrar, se sienten atrapadas en un cuerpo que no corresponde con lo que realmente se identifican. Esto, al margen de consideraciones patológicas o no, es algo real, un problema grave para quien lo sufre. Por eso a estas personas la sociedad ha de ayudarlas con una atención integral a que resuelvan dicho problema y, naturalmente, la primera obligación es la no discriminación. Eso es algo absolutamente claro desde el punto de vista conceptual.

            Pero en el Proyecto de Ley aparecen otros conceptos distintos que son los de transgénero e identidad de género. Por tanto, es necesario en primer lugar saber qué significan estos conceptos. Transgénero es aquella persona cuya identidad de género o expresión no coincide con las expectativas sociales típicas de su género. ¿Cuáles son las expectativas sociales? ¿Ser una mujer sumisa? ¿Llevar falda? ¿Obedecer al varón? Esas son las expectativas sociales de nuestra cultura contra las que las feministas hemos luchado. Identidad de género es identificarse con los atributos de género asignados a hombres y mujeres, según los ideales de masculinidad y feminidad de su sociedad. ¿Cuál es el ideal de feminidad de nuestra cultura? ¿La perpetuación del patriarcado? ¿La sumisión? ¿La belleza? En definitiva, el concepto de género es un concepto atribucional.

            En la exposición de motivos del Proyecto de Ley (pág. 2, párrafo 1) dice que la identidad de género que cada persona defina es esencial para su personalidad. Lo que ocurre es que la personalidad es algo que se conforma mediante el aprendizaje y cada ser humano “aprende” a ser niño o niña en función de las atribuciones de su cultura, como ya hace muchos años dijo Bandura[1] y han mantenido muchos otros autores posteriormente. Eso es precisamente lo que hace la sociedad para someter y quitar derechos a las mujeres contra lo que venimos luchando las feministas.

            En ningún momento en el texto se refiere a identidad de sexo sino a identidad de género. De hecho en las siete primeras páginas de la exposición de motivos repite el término “identidad de género” 27 veces y nunca se refiere a identidad de sexo.

            En todo el articulado de este Proyecto de Ley, sigue refiriéndose constantemente a la identidad de género, sin que aparezca en ningún momento la identidad de sexo, que es de lo que debería tratarse, puesto que en el resto de ámbitos de su vida son personas como el resto de las personas, sean hombres o mujeres.

            Precisamente lo que las feministas llevamos reivindicando desde hace tres siglos es que las mujeres y los hombres, con distinto sexo, son personas con los mismos derechos y las mismas obligaciones y que su sexo no les puede atribuir un género determinado. Si ahora lo que prima es el género lo que estamos haciendo es diferenciar a hombres y mujeres y darles a cada uno unos atributos en función de las creencias y normas sociales. ¿Y para eso las feministas hemos estado luchando tres siglos?.

            Pero esto no es casual ni creo que se le haya ocurrido a un grupo loco o indocumentado. Tiene su razón de ser. El movimiento feminista ha crecido mucho en los últimos años, se han cambiado muchas leyes y se han condenado a los maltratadores, a los violadores y al machismo y patriarcado en general. Por otra parte, el feminismo siempre ha supuesto un avance en la sociedad, es una actitud progresista y siempre ha estado ligado a la reivindicación de otros derechos como los de las mujeres trabajadoras, las más laceradas por la discriminación. ¿Y qué ocurre con esto? Pues que este movimiento, que es mundial, no conviene a muchos Poderes y lo más inteligente es reventarlos desde dentro y hacerlo, además, con la inestimable colaboración de una supuesta izquierda que lo reivindica como algo enormemente progresista, aunque sea todo lo contrario.

            Lo que se desprende del Proyecto de Ley “trans” es exactamente la teoría queer. ¿Y qué es la teoría queer? Pues un conjunto de ideas que prácticamente niegan la biología sexual y eso es una manera de anular a las mujeres y de decir que el heteropatriarcado no existe, lo que claramente va contra la violencia sobre la mujer, ya que el concepto mujer es de dudosa existencia para la teoría queer. Y quienes propugnan esas teorías lo hacen desde una posición elitista y académica, además de profundamente individualista y clasista, lo que resulta plenamente coherente con las teorías liberales.

            Hay una cosa clara: la teoría queer no es peligrosa para el Sistema, el sexo no existe sino que es una construcción social, solo existe el género y cada uno a lo largo de su vida elige lo que es su sentir en cada momento con total libertad. No hay explotación, ni subordinación, ni violencia ni nada que haga que las mujeres se rebelen ni se manifiesten. Pero sigue habiendo niñas a las que les hacen la ablación del clítoris, niñas a las que casan prematuramente, mujeres sometidas a sus padres y sus maridos, mujeres violadas y abusadas, mujeres maltratadas y sometidas, mujeres prostituidas, mujeres empobrecidas. Y todo eso solo por una cosa: por el hecho de ser mujeres.

            Pensemos en ello.


[1] BANDURA, A. y WALTERS, R.H. Aprendizaje social y desarrollo de la personalidad. Alianza

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